Time of the wild beasts have arrived. Go, have a look at my flickr set. You will find there the pictures of my trip to the north, and you can even explore them in a map!.
Ya están aquí las bestias salvajes, podeis verlas en mi set de flickr. También podeis jugar con el mapa! De momento solo las de mi viaje por los parques del norte.
Jueves 18 de Octubre, Karatu
El dia N (de Ngorongoro) ha llegado. Y no había tiempo que perder, en una hora nos levantamos, desayunamos y recogimos el campamento. A las 7:15 estabamos de camino al siguiente camping donde dejaríamos a nuestro cocinilla, el mejor cocinero en Tanzania que he visto hasta ahora.
Sobre las 8 y media entrabamos en Área de Conservación de Ngorongoro. En el Centro de Visitantes las maquetas no ayudan a imaginarte lo que te encontrarás después de cruzar la puerta.
Para entrar en el crater se sube primero a la cresta. En este tramo, la carretera atraviesa una jungla, tal cual, similar a la que vimos en las montañas de Udzungwa. Pero la atracción aquí se encuentra más adentro, al otro lado, dentro del crater.
A ambos lados crecen árboles y malez que no permiten ver el suelo. Animales ninguno tampoco. En la subida, Hassan, el guía, nos ofreció parar en un poblado de maasais, donde por unos “módicos” 15 dólares nos enseñarían sus casas, sus bailes, y cualquier otra cosa que tengan a mano. Los maasai, como a los animales, prefiero verlos en libertad, ignorantes de que son observados.
En la cima pudimos parar y observar el crater desde de lo alto. La vista era impresionante con el lago refulgiendo y pequeñas manchas negras, búfalos, pastando. Pero aún no daba una idea de lo que veríamos abajo.
La carretera que descendía puso a prueba los amortiguadores del Land Cruiser. En el descenso, un águila en el aire nos daba la bienvenida. En la superficie maasais bajaban corriendo con su ganado en busca de agua y nuevos pastos. Se dice, se rumorea, que los maasai impregnan a sus vacas de un potingue que las hace poco apetecibles para los leones que merodean la zona. Los maasais saben de la amenaza y también se embadurnan de potingue, y por si acaso llevan una lanza de considerables dimensiones.
Una vez en el crater rodeamos el lago, cuyas mayores sorpresas fueron los chacales y hienas que deambulaban por la orilla del lago. Más cerca, un pajaro altivo, el “crowned crane”, se movía indiferente entre las gacelas de Grant, o eran las de Thompson… Las cebras, por otra parte, habían perdido parte de interés. El efecto novedad se había perdido. De todos modos, sus rayas continuaban hipnotizándonos.
La mayor sorpresa ocurrió en la “piscina” local de los hipopótamos, donde uno de ellos flotaba muerto. Asesinato? Envenenamiento? Lo más probable es una enfermedad, cual? A la hiena que lo devoraba no parecía importarle eso ni el estado de putrefacción del animal. Poca carne quedaba en el hipopótamo, y la hiena tenía que meter su cabeza, cual brazo de cirujano, dentro de las tripas para encontrar algo de carne. A su alrededor un grupo de hipopótamos no se inmutaba. Ellos se limitaban a revolcarse en el agua y mover el rabo para esparcir la mierda.
Saliendo de la “piscina” nos cruzamos con una manada de ñues y cebras que se dirigía al la charco al lado de nosotros. Durante al menos media hora vimos como unos 500 ñúes se abastecían. Algunos de ellos cruzaban la carretera y posaban a escasos metros de nosotros. Tal cercanía con los animales marcó el día.
Los lejanos avistamientos de un rinoceronte y lo que parecía un león tomando el sol supieron a poco. Pero completaron la lista de los “big five”. Mañana en Tarangire deberiamos ver algún león. Para rinocerontes es más complicado. Solo se encuentran el crater (24 de ellos). Poder ver al rinoceronte en la distancia ha sido emocionante de todos modos. Saber que aquella mancha era uno de los pocos que quedaban le daba un aura mística, le hacía más inaccesible. Y con ayuda de los prismáticos se podía distinguir su desgraciadamente preciado cuerno.
En la parada para la comida, multitudinaria, fue en un vergel. Una lagunilla con hierba alta al fondo se encontraba frente al parking. La lagunilla tenía los habituales hipopótamos. Lo emocionante estaba en el aire. Un grupo de halcones vigilaba los restos de nuestra comida, y en un descuido podían quitarnosla de las manos. Una pareja de turistas italianos jugaban a dar galletas a los halcones con la mano… En los lavabos pude identificar a un grupo de españoles. Uno de ellos sacaba una foto de la cola de los lavabos al grito de “cutrefoto”. Bendita cultura mediterránea.
Unos elefantes más y la visita al Ngorongoro había prácticamente concluido. En otro momento hablaré de como un mono Vervet me robó un sandwich. Increibles animales que me recuerdan a su pariente lejano.
La cena en el campamento ha vuelto a ser exquisita. Me pregunto por qué nuestro cocinero puede hacer maravillas en un camping, y los restaurantes de Iringa no pueden más que freir pollo.
Miércoles 17 de Octubre, Mto wa Mbu
Después de cruzar Tanzania en autobús llegué a Arusha, la capital de los safaris. El viaje comenzó el martés a las 10 y media de la mañana. En esta ocasión el bus se retrasó media hora, venía de Mbeya. La compañia de autobuses era Hood, judi que dicen los locales, y su reputación de temeraria era un factor que daba emoción al viaje. Algunos de mis amigos recomendaban ir a Arusha via Dar Es Salaam, y ese era el plan hasta que un compañero de curro, Phesto, me dijo que no era tan peligroso. El viaje con Hood me ahorraba un día, pero a que precio.
El viaje no era directo, y por la noche se dormía en Same, a donde llegamos tras 11 horas de cómodo viaje. En Same, otro viajero, Rocks se llamaba, se me presentó y espontáneamente se ofreció a ayudarme a buscar alojamiento en la zona. El resto de pasajeros dormiría en el autobús hasta las 5 de la mañana, cuando arrancaría. El resto de los pasajeros y yo debería decir, pues no había camas libres en todo Same. En el autobús compartí asiento en la última fila, que alojaba a otros 4 adultos y 2 niños. Con eso de que los niños viajan gratis, los autobuses parecen una guardería. Unos 20 debería haber en el autobús.
A las 5 de la mañana se ponía el autobús en marcha, y, después de aguantar el tráfico de Arusha, a las 8 y media me encontraba con Tiina, su prima, y nuestros guías.
Entre pitos y flautas, hasta las 9 y media no emprendíamos camino al lago Manyara, cuyo Parque Nacional visitarimos hoy. La carretera estaba en buenas condiciones, no en vano es la que lleva a Ngorongoro y a Serengeti, fuente de divisas para Tanzania.
En el trayecto por la carretera lo que más me impresionó fueron los poblados maasai. Cuatro o cinco chozas de barro con techos de paja juntas. Pero lo espectacular era como solitarios maasai andaban de poblado a poblado con sus ropajes de un llamativo color. Aquí un punto rojo, allí un punto púrpura, rompían el monótono marrn del paisaje.
Antes de llegar a Manyara NP dejamos nuestros aparejos en el camping con uno de los guías, que se encargaría de preparar todo para la cena.
Esta vez, y las siguientes, el safari fue en coche. Solo nos bajaríamos para comer.
Ya en el parque, la piscina de los hipopótamos fue la mayor fuente de entretenimiento, tanto al principio como al final. Por la mañana pudimos ver a los hipos tirados tomando el sol. En el agua, dos parejas de machos “jugaban” a romperse los piños. Los contrincantes abrían sus gigantes bocas intentando atrapar la boca del contrario, cosa que no pasaba. Así estuvieron un buen rato hasta que se cansaron.
Al fondo centenares de pelícanos flotaban, andaban, en el agua de lago. En conjunto la escena era digna de National Geographic. De hecho, visitar un parque natural de por aquí es una sesión continua de documentales.
Por la tarde fuímos testigos de una migracón corta. Ñúes (o Wildebeests) y cebras cruzaban de un lado a otro de la “piscina” buscando nuevos pastos. No hablo de 2 o 3, sino cientos de animales en fila.
El animal que ha conquistado mi corazón es la jirafa. Tiene el porte de una modelo, y la incognita de como ha hecho para tener el cuello tan largo. Por como anda, como come y se mueve, parece un animal en paz consigo mismo.
Pero el punto álgido del día, álgido si lo definimos como momento con mayor concetración de Land Cruisers, ha sido ver a una pareja de leopardos descansando plácidamente a la sombra. Hasta 7 jeeps han hecho cola para verlos.
En el resto del safari hemos visto impalas, dikdiks, warthogs, elefantes (bastante cerca), “mongooses”, babuinos, monos diferentes, lagartos, “hornbill” búfalos, flamencos, bushbucks, y flamencos!
La escena de los flamencos también ha sido de pelicula. Cientos de ellos en el lago con las montañas del rift al fondo.
El lago Manyara es un gran lugar, pero solo es un aperitivo de lo que nos espera mañana en el crater de Ngorongoro, que todavía no me imagino como será. Durante mi estancia en Tanzania me he propuesto visitar tres sitios: Ngorongoro, Ruaha, y Zanzibar. Después de mañana ya solo quedarán dos sitios por visitar!